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Subida al Puig de Galatzó desde Estellencs y hacia Capdellá.
En la entrada del pueblo de Estellencs, desde Banyalbufar, se encuentran los antiguos lavaderos públicos. El camino se inicia a la derecha de los lavaderos, en dirección al sur, que corresponde a la primera desviación hacia la izquierda de la carretera, desde Banyalbufar, justo antes de las primeras casas de Estellencs. Asciende con pavimento de asfalto entre las últimas casas del pueblo y define dos estrechas curvas. Después de la última casa se termina el asfalto y enseguida avanza entre olivos, algarrobos y campos cultivables. Constituyen un típico camino de carro, como tantos otros que conducen a las grandes casas de possessió. Realiza anchos serpenteos para ir salvando el desnivel de la subida, acompañado de esbeltas marjades cultivadas.
Actualmente, la subida autorizada hacia el Puig, se emprende dese Ses Serveres, a la que se accede por un camino que se encuentra a unos dos kilometros de Estellencs camino de Andratx. Allí encontraremos un refugio de muntaña y seguiremos las indicaciones que nos llevaran hasta la subida que se refiere en el relato siguiente, mas o menos a la altura del "curioso hito"
A unos cinco minutos del pueblo hay una primera bifurcación: el camino que empieza recto y asfaltado conduce a otra possessió (Son Jover); nuestro camino continúa la vuelta hacia la derecha, en dirección a poniente. Sin dejar este camino, a una media hora de Estellencs, llegamos a las cases de Son Fortuny.
A partir de Son Fortuny, el camino se convierte en un sendero de montaña, de los llamados popularmente caminos de herradura. Desde la explanada de las casas sigue por el lado de la torre, bordeando el lateral izquierdo del edificio y a continuación dibuja una vuelta hacia mediodía. Se deja la era de batre a la derecha que, como es tradicional, está situada en un lugar ventoso. El camino avanza en dirección al sur, directamente hacia el puig de Galatzó. Mientras ascendemos, volvemos la vista para observar la imagen de las casas de Son Fortuny desde arriba. Uno de los descubrimientos detallísticos que podemos observar es la espadaña de la campana, en forma de arco semicircular, al lado de la chimenea.
Podemos entrever los restos del antiguo camino empedrado y escalonado justo antes de cruzar la primera barrera, así como lo que queda de un ruinoso aljub y de su inutilizado canal, a la derecha del camino. Un poco más adelante descubrimos otro de estos elementos hidráulicos, un gran aljub, éste en buen estado de conservación, que recogía y distribuía las aguas de los alrededores, en especial las del canal que parte de la boal de les Fonts. El aljub se encuentra a la izquierda del camino, y se puede acceder a través de una desviación, a poco más de 50 metros de distancia. Tiene dos aberturas, bóveda en cañón sobre unos peldaños laterales que evitan la desigualdad del terreno y unas escaleras que bajando conducen a un grifo situado en la base del aljub.
Regresamos al camino y pasamos cerca de una pequeña fuente escondida bajo una pared de piedra. Unos cinco minutos después, entre encinas, hallamos un curioso hito: una piedra esculpida, de forma ligeramente troncocónica, destinada probablemente a ser el quintal o contrapeso de la viga de un molino de aceite, pero se rompió y fue abandonada. Ahora nos queda como un testigo mudo de las meticulosas y penosas faenas de antaño. Continuamos cerca del canal, a nuestra izquierda, situado bajo altas peñas, y cruzamos una barrera de madera que nos sitúa en una zona con varias encrucijadas de caminos. Tenemos que torcer a la izquierda, en una ligera subida, por un ancho camino con una alfombra de hojarasca de pino. También divisamos alguna encina entremezclada, además de carrizo y brezo.
Mantenemos la dirección hacia mediodía, aunque los serpenteos del camino a menudo se alargan y la ruta se va desalineando hacia levante, a ratos, hasta que inmediatamente gira hacia poniente. Este es un lugar donde el viandante se puede despistar fácilmente del itinerario correcto por la presencia de laberínticos caminos de carboneros. Mientras tanto, las encinas van substituyendo los pinos y de vez en cuando se nos presenta la imagen de la cima del puig de Galatzó. Atrás dejamos grandes rotlles de sitja y, con ellos, el bosque de encinas. Ahora disfrutamos de una amplia vista, testigo del ascenso alcanzado. Descubrimos el colí del Carnisseret, el puig de Galatzó muy cerca, así como els puntals de Planicia, a lo lejos. Continuamos ascendiendo, ahora a través de un paisaje deforestado. Se nos abre la vista hacia poniente, hacia el colí del Pi, y dejamos a nuestra derecha, cerca de una pequeña gruta abierta en la peña, el camino de la moleta Rasa. Arriba, nuestro camino se adentra medio perdido entre carrizos, aunque también podemos distinguir estepa joana, porrasses y coixinets de monja. Nos encontramos en la zona conocida como pas de na Sabatera. Al fin llegamos a un pequeño refugio de vigilancia forestal construido por Icona, antiestético y ya en ruinas. Este lugar es una bifurcación de caminos: hacia la izquierda, mirando a la cima, parte el camino de la Font del Pi, que conduce a Puigpunyent y a Galilea; exactamente enfrente parte el camino de Estellencs que acabamos de subir. Un nuevo elemento paisajístico es la Aguila Forcada, como sus agudas puntas rocosas, a la izquierda del peñal que configura la cima. Alguien ha descubierto también el perfil de la cabeza de un indio. Un poco más a la izquierda divisamos el coll del Carnisseret, coronado por una larga pared; detrás de ésta, más a lo lejos, la mola del Ram y a la izquierda, la mola de la Planicía, ya sobrepasando su primer espolón, els puntals de Planícia.
Subimos hacia el punto culminante del puig de Galatzó por un camino abrupto y poco firme, que nos pide la máxima atención. Superado el primer tramo abrupto, aparece la mola de l'Esclop, con su esbelta cima llana y prolongada, y se acentúa la presencia del mar. Enseguida llegamos a la primera zona donde es preciso trepar, es decir, subir con la ayuda de las manos, entre las rocas. Nuevamente andando pasamos cerca de las bocas de varias simas. La subida final se hace otra vez trepando, ahora entre inseguras rocas descarnadas, seguramente desmoronadas de la cima. Después de una pequeña explanada de tierra, nos enfrentamos con el último tramo de la subida, nuevamente por roca descarnada.
La cima del puig de Galatzó, de 1.026 m de altitud, es el mejor premio a nuestro esfuerzo. Hallaremos la cruz de hierro e imaginaremos la simbólica piedra que sirve de hito fronterizo entre los términos municipales de Calviá, Estellencs y Puigpunyent, de la que se cuenta aún entre las personas mayores de los alrededores que los señores de Galatzó (Calviá), Son Fortuny (Estellencs) y Son Nét (Puigpunyent), se sentaban rodeándola, sin salir de su possessió aunque hoy se encuentra cubierta de cemento acogiendo el inevitable vértice geodésico.
La vista panorámica es magnífica, no en vano el puig de Galatzó se considera como uno de los mejores miradores naturales de Mallorca, con extensísimas vis-tas por todos sus alrededores. En un intento de lectura de este panorama, podemos fijar los siguientes puntos de referencia: al norte, y a nuestros pies, el pueblo de Estellencs y el mar; al nordeste, cubierta por uno de los encinares más importantes de la isla, la mola de Planícia (920 m de altitud); al este la valí de Superna, la mola del Ram (820 m), y las poblaciones de Puigpunyent y Galilea; al sureste, Palma y alrededores; al sur, el término de Calvia, con detalles como el illot del Toro, y más al oeste, la mola del Port d'Andratx; al suroeste la mola de l'Esdop (926 m); y al oeste, la serra deis Pinotelís y la moleta Rasa.
El descenso hacia las cases de Galatzó y el Capdellá es, en una primera fase, abrupto y sin camino. Hasta enlazar con el camí de les Planes, aproximadamente a 500 m de altitud, se tiene que bajar el desnivel de más de 500 m por la vertiente suroccidental del puig de Galatzó y de su aguijón el penyal del Ratxo (853 m).
Iniciamos el descenso de esta inmensa cresta redondeada, utilizando los pies y las manos, orientados hacia mediodía, con la costa de Calviá justo enfrente, lejana todavía. Pero es conveniente que nos dirijamos hacia el sureste, para alcanzar el primer collet más fácilmente. Situados en la cresta, nos vamos acercando al coil que da acceso al penyal del Ratxo, llamado así porque su cara suroccidental se levanta vertiginosamente sobre la finca de Ratxo, de la cual es propiedad. La vista desde el coil, y también desde la cima del peñal, cuya subida es optativa, nos conforma esta situación aérea, con panorámica directa sobre la urbanización de Son Nét, la Font del Pi y la possessió del Ratxo, hoy completamente seccionada por caminos de nueva creación.
Continuamos el descenso prestando máxima atención al desnivel del terreno, y vamos siguiendo una imaginaria vía que cruza esta vertiente suroccidental marcando una línea segada que se dirige hacia la única concentración de pinos de la zona, completamente deforestada, con la única presencia de carrizo, boj y algún pino aislado. Desde estos pinos, que vamos alcanzando mientras descendemos, ya podemos observar las ruinas de las Planes, antigua zona de rotes abandonadas desde hace tiempo, pero que todavía nos deja entrever los restos de marjades para cultivar la tierra, una barraca de roter en ruinas y un interesante aljub desmoronado. De esta vertiente del puig de Galatzó, Jesús García pastor en las Rutes amagades de Mallorca comenta que "hi ha allá abruptes canyades costosament assequibles, pendents sectors de pura roca, amagats racons d~aspecte salvatge, precipicis, i una silenciosa soledat de segles".
Para llegar a las Planes tendremos que descender hacia una bifurcación de torrentes, que presenta aspecto abrupto y desolado. En el lecho del torrente situado más a la derecha podemos observar un rotlle de sitja empedrado. Sin cruzar ni descender por este torrente, tenemos que ir hacia la izquierda, donde franquearemos el segundo torrente, más pequeño. A pesar de que nos encontramos rodeados de espinosas retamas, ahora ya no tendremos ninguna diflcultad para enlazar con el camí de les Planes, que traza un ancho zigzag hasta que asciende hasta un pequeño pinar, ya en la vertiente de poniente del puig de les Planes y, posteriormente, del puig de Caragol. La panorámica hacia poniente, con el comellar de les Sínies como base del encuadre, nos muestra una bella imagen de la mola de l'Esclop, con el puig de les Fontanelles a la izquierda, y aún más al sur, el puig Batiat, ya sobre las cases de Galarzó.
El camí de les Planes comunicaba esta zona de rotes y de sitges con las cases de Galatzó. Se trata de un ancho camino de herradura, con el lateral sobre la valí de Galatzó marcado y protegido por una pared de piedra seca, como en los buenos ejemplos de ingeniería viana rural, pero que actualmente se encuentra completamente abandonada y deteriorada.
Antes de llegar a las cases de Galatzó, ya muy cercanas, nos encontramos con un gran safareig> de forma rectangular con lados alargados de grandes dimensiones. Este safareig se alimenta del agua que proviene de la relativamente lejana font del Ratxo, conducida por un hermoso y ligero canal que bordea la moleta de Galatzó y serpentea ágilmente entre la fuente y el safareig
El safareig> además de recoger el agua que sirve de regadío para el huerto de Galatzó, cumplía una importante función: aportar la energía necesaria a los dos molinos de agua que se encuentran junto a él. En el molino de arriba aún se pueden ver las muelas que, con el impulso del agua canalizada desde el safarezg y lanzada con fuerza por el desnivel que se forma a partir de la gran torre troncopiramidal, trituraban trigo y lo convertían en harina. En el molino de abajo las muelas se encuentran en el interior de la casa adosada.
A través de un corto camino enmarcado entre paredes de piedra seca, y cerca de unas estancias dedicadas a los animales, llegamos a las cases de Galatzó. Solamente queda el camino que une las casas de Galatzó con la carretera de Capdellá a Galilea. Es un simple camino de carro, muy llano. A la derecha del camino, encontramos una pequeña y humilde edificación, posiblemente destinada a granero del diezmo, impuesto que consiste en la décima parte de la cosecha y que se tenía que pagar a la iglesia y, a veces, al señor jurisdiccional, en este caso a la curia del Pariatge, acuerdo entre el señor feudal de la zona, el obispo de Barcelona y el Rey.
Cruzamos un torrente por un puente cerca del portillo que nos deja entre terrenos cultivables poblados de almendros y de algún algarrobo. De vez en cuando, podemos observar clapers> montones de piedras, producto de despedregar tierras de cultivo. Estos clapers tienen unas paredes, al estilo de los marges, y una forma alargada, por lo que se llaman "galeras".
Llegamos a ca l ' amo en Biel, casa también conocida como Cal Garriguer. Se trata de una casa de una sola planta y portal de dintel, a la sombra de una palmera. Exactamente delante de la casa hay una bifurcación donde empieza el camino del Ratxo. Atravesamos el torrente del Ratxo por un vado empedrado y, poco después, llegamos al gran portillo de la possessió de Galatzó, que forma un ancho arco ornado con un dibujo cerámico. Un poco más adelante llegamos a la carretera que comunica el Capdellá con Galilea, cerca del kilómetro 2,300, exactamente la distancia que nos queda por recorrer hasta llegar hasta el bello pueblo del Capdellá, después de pasar ante el portillo y las cases de Son Claret, y de bordear el puig Vermelí.
Si preferimos evitar esos kilómetros de asfalto y llegar directamente al Capdellá, a unos 100 metros del granero del diezmo, justo antes del primer puente, que desde las cases de Galatzó pasa sobre un torrente, tenemos que girar a la derecha por un portillo, y avanzar bajo el Tramuntanal hacia el colí Goma, en una corta subida. A partir de ahí, en ligera bajada cruzaremos la zona de las Rotes Llargues y, después de dejar el camí de Son Hortolá a la derecha, donde empieza el asfalto, en frente de las carreteras de Andratx y de Peguera.